Libro. Grabado en el aire

Un casete no es sólo un objeto vintage. Es algo más que su estética sensual y que la perdurable mecánica que constituye su materia. Puede contener historias, registros hechos con precisión efímera y con contundencia instantánea, procurados como espacios de futuro. Un futuro impredecible y, como tal, construible, combustible.

¿Qué contiene el contenedor? ¿Memorias? ¿Desmemorias? ¿Memorias colectivas? ¿Memorias solitarias? ¿Qué guarda un archivo? ¿Cómo se construye y con qué? ¿Qué ilustra una voz? Quizás un tiempo.

Cuando las urgencias demandan un presente de atención es difícil percibir su peso histórico. En la fragilidad de recursos, la apuesta está en la potencia de las existencias. El registro se vuelve documento, aún en la opacidad o lo borroso de su captura. Aunque no alcance los cánones para elevarse a los niveles que demanda la conservación, se preserva lo que se considera nutricio para un uso próximo, lo que es y puede ser valioso, también, en un tiempo por venir.

Con esa motivación continúa su gesta, su gesto colaborativo, su permanente actualización. Esta guía se crea al mismo tiempo que el archivo se ordena y sistematiza, dando valor a cada fragmento encontrado, atendiendo al caos que es parte de la memoria, para seguir haciendo presente, esa es la propuesta contenida en el texto que socializamos esta semana. 

“El que no esté seguro de su memoria debe abstenerse de mentir”. 
Michel de Montaigne.

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