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Capítulo 14. Radio en los vehículos

Estoy enloqueciendo. Parece que mis días en la clínica se profundizarán. Las enfermeras me dicen que estaré aquí al menos ocho días más. Esta carta en realidad da continuidad a mi promesa de leerte algunos apartes de algo que encontré en el libro que me dejaste hace unas semanas. Escucha esto, por favor.

“Hubo un tiempo antes de que la voz de la radio encontrara refugio en los vehículos en que los largos trayectos eran solitarios, desiertos de emociones. Sin embargo, con la llegada del dial, el automóvil se transformó en un portal hacia un universo de información y deleite. De repente, la magia radial no solo amenizaba el viaje, sino que también tejía un vínculo vital con el mundo exterior”.

Me ha gustado la generosidad del texto al reconocer mi pasado victorioso, pero me entristece saber que también cita realidades incuestionables. Me he tomado un silencio para continuar. Discúlpame. A veces me falta la respiración. Entonces cierro los ojos, descanso un poco y siento que regreso a la normalidad.

Te contaba que después de la lectura creo asomarme a un precipicio melancólico. Todo este progreso del que hemos hablado antes parece anunciar el ocaso de mi edad dorada. Las frecuencias aún vibran en mí. Es cierto, pero las audiencias, aquellas almas que alguna vez hallaron consuelo y compañía en el dial, comienzan a desvanecerse, seducidas por las sirenas digitales que ahora gobiernan el volante. La radio en los vehículos fue un motor de cambio cultural, pero ese pasado ya pasó.

“Hoy, cuando los vehículos se llenan de sistemas de infoentretenimiento que sustituyen la sintonía tradicional por algoritmos y pantallas, es evidente que la radio ha perdido parte del protagonismo que durante años la convirtió en compañera inseparable del conductor. Reducir esta transformación a una simple declinación sería ignorar la naturaleza adaptativa del medio. Lo digo porque la radio no desaparece, se desplaza. Encuentra otros espacios donde seguir hablándole a una audiencia fragmentada y también exigente.

El riesgo no es la tecnología, sino la incapacidad de acompañar esos cambios con propuestas sonoras que vuelvan a tener sentido para quienes viajan. Tal vez la radio deje de ser la protagonista del tablero del automóvil, pero puede convertirse en un faro en medio del ruido. Su futuro no está asegurado, pero tampoco está cancelado. Y esa incertidumbre, lejos de ser una amenaza, es una oportunidad para reinventar su modo de estar en el mundo”. Juan Carlos Roque.

Escuche, descargue y comparta: Capítulo 14. La radio se aleja de los vehículos. (Serie producida con IA). 




 

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