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Capítulo cero. Primeras palabras

En algunos países de América Latina, la Radio ya cumplió más de 100 años de vida.  A lo largo de este periodo las estaciones experimentaron cambios para expandirse, y quizá, durante las últimas décadas, se reconfiguraron para contraerse. El devenir de los años ha traído consigo una desaceleración en el medio de comunicación y es precisamente eso lo que se expone aquí con la intención de instigar reflexiones presentes y futuras entre los lectores.

Este texto reviste un carácter personal. El camino como formador en el ámbito radiofónico y las manifestaciones actuales en torno a la enseñanza de esta disciplina incitan a detenerse y reflexionar sobre el medio sonoro. Ninguna de las 20 razones expuestas carece de conexión con la realidad mediática que tanto usted como yo conocemos o hemos tenido ocasión de leer.

La radio, en un tiempo, fue un hechizo tejido con la imaginación, un arte que encantaba con su capacidad única para tallar experiencias sensoriales y emocionales. En esos días de antaño, se hablaba del “teatro de la mente”, donde las ondas sonoras dibujaban paisajes mentales, pero hoy, el telón parece haber caído sin ceremonias. Ya no se nos invita al teatro, y la mente yace en silencio, desprovista de la ilusión que alguna vez cultivó.

Las producciones actuales, lejos de llevar al oyente a escenarios imaginarios, parecen empeñadas en anclarlo en la monotonía de lo tangible. La magia que tejía conexiones emocionales, la variedad exquisita, el contenido rico en matices y la creatividad auditiva que hacía palpar lo inaudito, todo ello ha ido disipándose.  Y, decir que el dial contemporáneo es un ejercicio de imaginación es, en verdad, conferirle a la fantasía un papel de protagonista en una obra que ha perdido el guion. La esencia del dial, una vez capaz de estimular la imaginación, construir puentes emocionales y regalar experiencias auditivas únicas, se desliza por los corredores del olvido. En este presente las emisoras son testigos silentes de la pérdida de aquella magia que, en su tiempo, convertía cada sintonía en un viaje encantado.

Es un equívoco afirmar que la radio está más viva que nunca. ¿Cómo aventurarse a proclamar tales enunciados sin someterlos a un escrutinio exhaustivo? ¿De qué recoveco de la desdicha emana la desafortunada idea de teñir con mentiras reiteradas estas afirmaciones? Son necesarias pruebas concretas, evidencias tangibles que respalden el afirmar que estaciones resurgen con más vitalidad que nunca, pero, por supuesto, tales argumentos brillan por su ausencia.

Ni es magia, ni está más viva que nunca y flaco favor hacemos cuando repetimos esas expresiones. Urge desterrar del lenguaje frases que ya no son propias para resaltar otras afinidades que en realidad se ajusten al hoy del medio sonoro.

La radio en declive: cuando un medio desaparece, la sociedad pierde una forma de pensarse a sí misma

Si la radio entra en un proceso de declive sostenido, lo que está en juego no es solo un soporte comunicativo. Lo que podría desvanecerse es un actor social fundamental del mundo moderno, un dispositivo cultural.

Los medios no son únicamente instrumentos técnicos; son instituciones que estructuran la vida social. El sociólogo canadiense Marshall McLuhan afirmaba que “el medio es el mensaje”, una frase que resume la idea de que cada tecnología comunicativa reorganiza la percepción humana y la forma en que las sociedades se comprenden a sí mismas.

La radio, en particular, inauguró una nueva experiencia del tiempo y del espacio: permitió que millones de personas escucharan simultáneamente la misma narración del mundo. A ese fenómeno lo conocimos como “comunidades imaginadas”

El filósofo alemán Jürgen Habermas explicó que las democracias modernas dependen de la existencia de una esfera pública, es decir, un espacio donde los ciudadanos deliberan sobre los asuntos comunes mediante argumentos y debate racional. Los medios se convierten en mediadores fundamentales de esa conversación social. Si el dial se marcha, la esfera pública se empobrece y sin duda, significaría, en cierto sentido, un empobrecimiento de la memoria sonora del mundo.

El pensador francés Pierre Bourdieu recordaba que los medios participan en la construcción de lo que él llamó campos simbólicos, es decir, espacios donde se disputan significados, legitimidades y visiones del mundo.

El sociólogo estadounidense Neil Postman advertía que cada tecnología redefine la manera en que las sociedades conversan consigo mismas. Cuando una tecnología desaparece, también se transforma la naturaleza de esa conversación.

Por ello, reflexionar sobre el futuro de la radio implica también pensar en el futuro de la conversación pública.

Defender la vitalidad del medio no significa resistirse al cambio tecnológico. Significa reconocer que la radio, más que un soporte, es una forma de sociabilidad moderna. Y cuando una forma de sociabilidad desaparece, lo que se extingue no es solo un medio de comunicación, sino una manera de habitar el mundo y de comprenderlo colectivamente.

Pensemos a la radio más allá del modelo de negocio y de su producción, de no ser así disiparemos al actor social fundamental contemporáneo.

Libro, serie radial, Cuaderno y videos

En relación con la metodología seguida por este libro, tras la escritura de cada uno de los 20 capítulos, se pidió a un experto temático valorar cada razonamiento para ofrecer su mirada sobre el martirio sonoro actual y es así como cada invitada e invitado ampliaron los horizontes de esta obra.

Con los textos principales de este libro, sumados a las palabras de los invitados a la mesa del infortunio, se hizo un batido temático ablandado con lágrimas que dio paso a una serie radial de 20 capítulos que están contenidos dentro de los códigos QR que acompañan esta obra.

Pero el proyecto no se agota en esas páginas: los textos han dado lugar también al Cuaderno de radio #28, concebido como una correspondencia fervorosa con ese dial que envejece, titubea, se fatiga. A ello se suma una serie de veinte videos que interpelan a la radio como se interpela a un antiguo amor: con la nostalgia de lo vivido, la rabia de lo que se pierde, la ternura de lo que aún late y, sobre todo, con la obstinada esperanza de quien se resiste, con dignidad y futuro, a dejarla morir.

Libro, serie radial, Cuaderno y videos, eso es lo que presentamos hoy.

Invitamos a quien piense diferente a que conversemos sin el dulce del amor que ambos sentimos por este tema que tanto amamos para confrontar ideas y aportar a la discusión sobre el dial.

Nuestra tesis es clara: la radio vive un declive y pretendemos demostrarlo y defender tal afirmación.

Discutamos …

Capítulo cero. Primeras palabras




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