Experiencia. Honduras. Radio Kupia Kumi

lunes, 5 de mayo de 2008


“Desde el lugar donde abunda el agua, pero nos falta en casa. Transmite. Radio Católica Kupia Kumi”. Son las diez de la mañana. La temperatura. 35 grados. Los habitantes 5.000. Los colegios son tres. El calor es horrible. La laguna es una. Las salas de Internet son cuatro. Los pescadores son todos. La vida es una. Los curas son cuatro. La energía llega a las diez de la mañana. Las comidas no tienen horario. Las letrinas, en casa, son cuatro. El aeropuerto es uno. Los idiomas son dos. Las radios son cuatro. Los alejados son todos. Las embarcaciones son muchas. Las salas de belleza son siete. Las necesidades rompen el corazón. Los niños. Los niños. 

Entonces. Para qué vivir, si no es para respirar desde las cuencas de este hermoso lugar. Oír el grito de las aves. Desafiar el mar en una pequeña embarcación. Sentir la humedad del clima. Comer una tortilla a orillas del lago. Acostarse tarde viendo las estrellas. Correr. Correr por la calle destapada. Subir a un cayuco. Dormir y amanecer en el. Montar en bicicleta. Sentir el sudor y sacárselo en el mar. Regalar a una misquita la luz de la luna llena.


Besarnos. Besarnos bajo la complicidad del Caratasca. Ir al muelle. Abrazarla. Esconder un amor y contárselo a la laguna. Dejar que ella se lo trague. Ver un amanecer para despertar. Sobrevolar la zona selvática. Entrar a la zona selvática. Vivir en la zona selvática. Los ticales. Las 14 horas del viaje a Wuampusirpi, la Biosfera. El avión. Otra vez la selva. Los primos de los leones marinos, las loras. Las guaras y la selva. La selva.

Entonces. A veces uno se cansa de escuchar esas radios que le dicen a uno que debe hacer. Tome pero no maneje, maneje pero no hable, hable pero cuidado con lo que dice. La bachata te aleja de la Iglesia. El pecado está en cada esquina. El derecho de expresión se limita a escuchar y obedecer. Menos moralismo. Más realidades. Más vida. Menos pasado. Más presente. Menos miedo. Más futuro. Menos de lo más. Entonces. No hay funerarias. El cementerio es uno. Las discotecas son tres. Dos salas de cine. Cinco escuelas. Más billares que bibliotecas. Madres que entierran a sus hijos. El Sida, la mortalidad infantil, la muerte materna y la diabetes. Los males que entierran a la gente. Un hospital. Muchas madres solteras. Casitas de madera. Muchas tiendas. Poca ropa. Una plaza de mercado. Una cárcel. Una cárcel.

Entonces, escucho Radio Kupia Kumi. Una radio con una única opción. Meterse en la realidad de la comunidad y sin prohibiciones bañadas por la doble moral hacer radio. Decir. Vincularse a la expresión popular. Hacer radio en su lengua. La lengua de la población y no una radio pensada desde la fabricación de audiencias. La imposición de la moda de las grandes ciudades. Jajajaja. La arrogancia del que todo lo tiene. Radios copietas. Copietas. La Kupia Kumi no lo es porque ella es Creída. Creída. Linda. Organizada. Libre de egoísmos, por eso, en las tardes la comunidad no manda cartas. No llama, no pide que la saluden. Aquí vienen. Sin intermediarios. Sin locutores que no saben pronunciar los nombres. Aquí prestan el micrófono.

Vi el desfile. Por 10 lempiras – 50 centavos de dólar – la persona entra a la cabina. Se sienta, saluda al que se le dé la gana, dice lo que se le da la gana, habla como se le da la gana y ahí, ahí es cuando la Kupia Kumi gana. Pero no es un asunto de llenar la bolsa. Gana cuando dejan de decir su verdad y entonces, la gente dice la suya. Me dicen que el programa más escuchado en la radio es ese: Karma binka nani. ¿Por qué será? Ahora, andan con la idea de unas corresponsalías desde lugares apartados. Enviarían información en casetes por agua y luego por aire. Los corresponsales asistieron al taller de radio. Hicieron pruebas. Redactaron noticias en dos idiomas y ahora se le van a medir a la experiencia.

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http://titoballesteros.blogspot.com/2008/05/radio-kupia-kumi.html

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